El timón permite dirigir el barco, cambiar de rumbo, corregir la trayectoria. En el matrimonio, representa la sujeción voluntaria a la dirección de Dios. No se trata de control, sino de confianza. Cuando ambos esposos se rinden a la voluntad de Dios, el timón se convierte en un instrumento de unidad, de propósito compartido, de avance en la misma dirección. La obediencia a Dios no es una carga, sino el camino más seguro hacia la plenitud.