El ancla se lanza al fondo del mar para mantener firme al barco. En el matrimonio, nuestra ancla es conocer a Jesús, el Salvador que está presente en la tormenta. Cuando todo se sacude, cuando las emociones se desbordan y las circunstancias amenazan con hundirnos, el conocimiento íntimo de Cristo nos sostiene. Él es la roca firme, el fundamento inamovible. Como los discípulos en la barca, podemos clamar a Él, y veremos cómo su paz calma el viento y aquieta las olas.