Mientras la brújula nos da dirección, el GPS nos ofrece precisión. La Palabra de Dios es ese GPS espiritual que nos muestra dónde estamos, qué rutas evitar, y cómo avanzar paso a paso. Nos habla con claridad cuando el corazón se llena de ruido, y nos recalcula cuando nos desviamos. En el matrimonio, esto significa que la Escritura es nuestra guía diaria, nuestra fuente de sabiduría, consuelo y corrección. No navegamos a ciegas: tenemos un mapa celestial que nos orienta en cada decisión.
