La brújula no elimina la tormenta, pero nos da dirección. En el matrimonio, cuando todo parece confuso, doloroso o sin salida, Cristo es la brújula que nos recuerda quiénes somos, hacia dónde vamos y quién nos guía. Él es el punto fijo en medio del caos, el Norte que no se mueve, la certeza que sostiene nuestro corazón cuando el horizonte se pierde en la neblina de la incertidumbre. Su fidelidad no depende de las circunstancias; es constante, firme y suficiente.
